Un encargo, no una startup
Herrclat Labs empezó como un solo proyecto para un solo cliente: Taller Elmer, un taller mecánico que llevaba sus órdenes de trabajo, sus repuestos y sus cobros entre un cuaderno y varias hojas de cálculo. No había plan de negocio ni intención de fundar una empresa de software: había un problema concreto y alguien dispuesto a pagar por resolverlo.
El sistema se construyó mirando la operación real —la que pasa en el mostrador y en la bahía, no la del manual— y se entregó por partes, con el taller trabajando. Esa fue la primera lección y sigue siendo la forma de trabajar: un sistema que el equipo no usa el lunes siguiente no está terminado, por bien programado que esté.